sillón de oreja

Con el sueldo precario y la crisis en el horizonte, mi novia y yo acordamos abandonar el piso de alquiler e irnos a casa del abuelo. El trato parecía justo: le cuidaríamos en sus últimos años de vida y ahorraríamos dinero hasta conseguir una casa propia. Antes de trasladarnos, mi novia planteó renovar los viejos y horrorosos muebles del abuelo. Solo la posibilidad de vivir con su sobrino preferido consiguió que el abuelo se ablandase. Pero en lo referente al sillón de orejas fue tajante. Allí había filosofado sobre los vericuetos de la vida, allí pretendía filosofar sobre la incertidumbre de la muerte. Dada la estrechez económica, nos decantamos por una de esas grandes empresas que te hacen sentir como en casa cuando visitas las de tus amistades. Mi abuelo observó con asombro las cajas planas diseminadas por el suelo. De una de esas cajas salió una gran estantería; de la otra, una mesa de comedor… Entonces mi abuelo me regaló uno de sus últimos pensamientos filosóficos. Dijo que cada vez se valoraban más las cosas planas y efímeras. Sin volumen, sin profundidad, como los valores y sentimientos actuales. Por suerte, mi sillón de oreja jamás cabría en una de esas ridículas cajas.

(Miguel Ángel Gayo)

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5 Respuestas a “sillón de oreja

  1. Jajaja, la línea de pensamiento de josmanu, es justo, la que me surgió a mi. 🙂
    Nada más que decir pues.

    Besines

  2. Por suerte, mi sillón de oreja jamás cabría en una de esas ridículas cajas, murmuraba el abuelo mientras que con pasos cansados abandonaba la estancia.
    Mientras tanto, Marcos (su sobrino preferido) a sabiendas de que el abuelo no podía oírlo, le decía a sus espaldas al tiempo que cruzaba los dedos índices de ambas manos formando una cruz: Ni tu ataúd abuelo, ni tu ataúd.

  3. Bonita reflexión, las cosas planas, las mentes planas, la vida plana.

    Intentemos recuperar el volumen.

    Saludos.

  4. Pues el abuelo tenía mucha razón. La experiencia es lo que tiene.
    Chao
    Ana

  5. Detecto alguna que otra contradicción, a saber: Tienen un sueldo precario, tanto, que han de ir a vivir con su abuelo, pero sin embargo no se lo piensan para renovar el mobiliario del abuelo. Por otro lado, ya que el abuelo te ofrece su casa…¿quién demonios eres tú para renovarla como si fuese tuya? Me da que ambos jóvenes son también planos, sin relieve, sin formas, como los muebles que compran. Dueños de todo y de nada, con la egoísta creencia de tener derecho a todo.

"No te dejes contagiar, no des ninguna opinión como tuya antes de ver si se adecúa a ti, mejor opina tú mismo." :) - (Georg Christoph Lichtenberg)

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