viaje sin retorno

Cuando somos pequeños, las madres nos impiden comportamientos que vienen de serie con el ser humano: poner los pies en el sofá, alimentarnos de golosinas hasta reventar o no recoger nuestra habitación. Sólo lo hacen para retrasar la llegada de nuestra edad madura, pues saben que en cuanto dejemos de estar bajo su estricta tutela nos bañaremos en la piscina antes de hacer la digestión, comeremos tres o cuatro chicles al mismo tiempo dejaremos una camisa en el suelo durante toda la noche. Decía el cómico Jerry Seinfeld que a veces le daban ganas de tumbarse en el sofá con una bolsa de patatas fritas y llamar por teléfono a su madre para decirle: “Hey, estoy picando entre horas… y no pasa nada”. Es otra manera de ver la madurez; si tu madre tiene potestad para prohibirte cosas que te gustan porque sí, eso significa que aún eres un niño sin responsabilidades ni agobios. Pero de pronto llega un día en que si no te apetece lavarte los dientes antes de acostarte, pues no lo haces. Mala señal; ya eres parte de “los otros”, ya puedes firmar una hipoteca, cumplir un horario y aguantar a un jefe que también ha dejado de ser niño hace tiempo.

Claro que si esto lo supiéramos de pequeños, la cantidad de disgustos que nos ahorraríamos; ¿Puedo comer otro helado?, preguntábamos con vocecita ingenua. “No”, respondía nuestra madre sin dejar de leer el periódico. ¿Pero por qué?, inquiríamos con sincero asombro. “Porque no. Y punto”. Si entonces hubiéramos sabido que ese poder superior era la confirmación de nuestra condición infantil, libre de ataduras, compromisos y tareas, otro gallo cantaría. La simple negativa, sin más aclaración, nos llenaba de rencor e inquietud; “cuando sea mayor sólo voy a alimentarme de Cola Jets y Frigodedos” pensábamos vengativamente sin saber que con el tiempo descubriríamos otros placeres (también prohibidos pero por otros motivos) llamados foie, jabugo o centollo.

He intentado volver a aquella Arcadia de felicidad plena, bicicletas Torrot y chocolatinas racionadas, así que me he presentado en casa de mi madre con bañador y chanclas para preguntarle si ya podía bañarme en la piscina porque habían pasado dos horas desde la comida.

“¿Pero tú eres tonto o te lo haces?, me ha dicho, antes de enfrascarse de nuevo en el periódico. Me lo temía; no hay vuelta atrás.

(Pepe Colubi)

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Una respuesta a “viaje sin retorno

  1. ¡Realmente genialllllllllllllllllll!

    Ayss, si se pudiera volver atrás algunas cosas, no todas por supuesto,
    ¡las agradables para qué dejarlas!, el centollo, jabugo, cocido gallego jajaja
    Me he reido un buen rato, …y aún sigo.

    Besines

"No te dejes contagiar, no des ninguna opinión como tuya antes de ver si se adecúa a ti, mejor opina tú mismo." :) - (Georg Christoph Lichtenberg)

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