permiso quiero ser feliz

Había un niño, quien tenía como mascota una tortuga, eran amigos inseparables por varios años. Un día la mascota apareció inmóvil, totalmente sin movimiento, no respondía a ningún estímulo del niño. Llorando fue con su padre, quien comprobó el estado de la tortuga. El niño estaba inconsolable, sufriendo tremendamente. Entonces, el padre le dijo que eran cosas de la vida, que la tortuguita estará en el cielo y que para que sea una muerte que lo lleve al cielo se le rendirán honores, en el que participaría su mamá, sus hermanos, los empleados de la casa, se pondría música especial, flores; todos vestidos de gala. Así, el niño se fue animando, la tristeza desaparecía y la idea de la organización de la sepultura en el jardín fue cobrando fuerza y entusiasmo desplazando su pena. El mismo niño llamó a sus hermanos, primos, amigos, ayudó a escoger la música, se ordenaron algunos dulces.

 

De repente, la tortuga comenzó a moverse, el padre se alegró muchísimo, sus ojos comenzaron a brillar y mirando a su hijo lo abrazó y le dijo muy contento: Ya ves que todo tiene una esperanza y ahora, ¿Qué haremos?.

 

El niño respondió: ¿La matamos?

 

(Swami Anand Nadhín – Enrique Koo Chang)

 

 

 

 

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