Wolfgang Amadeus Mozart: grandes biografías

“…Mozart, pese al agotamiento, empezó a componerlo con interés, entre otras cosas porque necesitaba una obra sacra para hacer méritos ante el Concejo Municipal con miras a la sustitución de Hofmann. Sabemos que lo primero que hizo al llegar a Praga fue escribir el Concierto para clarinete (K. 622) destinado a Stadler, y, a partir del 8 de octubre, inició el Réquiem en re menor (K. 626). Un día de aquel mes, Constanze le obligó a salir de casa y le llevó a las alamedas del Prater, débil, inseguro en sus pasos. Rompió a llorar, pensaba que alguien le había envenado, y así lo confesó a su esposa. Años más tarde, en un memorándum de su hijo mayor –citado por Robbins Landon- leemos que es especialmente significativo el hecho de que unos días antes de morir, se le hinchó tanto el cuerpo, que el paciente era incapaz de hacer el más mínimo movimiento; por otra parte, había un hedor que significaba una desintegración interna, y tras la muerte aumentó hasta tal punto que resultó imposible hacer una autopsia. Otra circunstancia típica es que el cadáver no se quedó rígido y frío, sino que […] como aquellos que mueren por envenenamiento con plantas, permaneció blando y elástico.

Los rumores de que alguien dio un bebedizo a Mozart fueron constantes, y al poco de morir arreciaron. El Romanticismo, mitómano, pródigo en leyendas y diestro en dibujar el perfil de sus héroes, apuntaba con insistencia a Antonio Salieri como autor de tal crimen. Durante mucho tiempo, el músico Legnano pasó por culpable. Pushkin incluso recreó el episodio, como en nuestros días lo ha hecho Shaffer con una obra teatral, Amadeus, homónima del lamentable largometraje dirigido por Milos Forman, verdadero escarnio de Mozart, en que se le dibujaba como un personaje fútil, algo cretino. Mozart, es un hecho probado, no se distinguió por la firmeza y sobriedad de su carácter. Voluble y pueril, pusilánime a veces, amigo del chiste grosero, su personalidad informal le alejó de posibles cargos, que no consiguió precisamente por su poca observancia. Pero con demasiada frecuencia se olvida que fue un hombre radical en su honestidad, capaz de una revuelta personal encubierta por la magia de su música. El comentario de Norbert Elias es atinadísimo al significar que Mozart aceptó representar la tragedia de payaso, la relación entre el bromista y el gran artista, entre el eterno niño y le hombre creador. La carencia de afecto y el parcial reconocimiento social de su genio hizo que se aferrara a esa imagen histriónica que él mismo creó. Son palabras de Elias: “El que una persona sea un gran artista no excluye que en un interior tengo algo de payaso; que fuera en realidad un ganador […] no excluye que él, en el fondo, se tuviera por un perdedor y que por ello se condenara a convertirse realmente en ello…"
 
 
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