corazón

Viernes 10:

Precusa vino ayer a mi casa, con Garrón. Grosi no vino porque al fin había llegado su padre de Amércia. Garrón nunca había estado en casa, porque le avergüenza ser tan grande y estar todavía en tercero.

Saqué todos mis juguetes y Precusa quedó encantado a la vista del tren: le dí la llave para que lo moviese y ya no volvió a levantar la cabeza, e incluso nos apartaba las manos cuando íbamos a detener los vagones o la máquina.

Todos mirábamos su cuellecito como un hilo, la chaqueta con la bocamangas vueltas porque le estaba demasiado grande, y sus bracitos de enfermo. En aquel momento le hubiera regalado todos mis juguetes. En aquel momento sentí que me ponían un papelito en la mano. Estaba escrito por la mano de mi padre y en el me decía: “A Precusa le gusta mucho tu tren. El no tiene juguetes. ¿Por qué no se lo regalas?

Cogí la máquina y los vagones y se los entregué.

          Son tuyos, te los regalo.

          ¿Por qué?

          Porque- terció mi padre-, Enrique es amigo tuyo.

Precusa preguntó, aún atontado, si lo podía llevar a su casa y le dijimos que sí. Garrón le ayudó a envolverlo, y Precusa me dijo que un día tenía que ir al taller a su padre, y me regalaría unos clavos.

 

(Edmundo de Amicis)
 
 
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