nunca miras mis manos

 

“…llevas el móvil, y ante cualquier contratiempo medio ejército se movilizaría, porque para eso te casaste con el hijo de un general en la reserva, faltaría más.

 

Estas cosas no las cambia la democracia, éstas no. Así que tienes que preocuparte por Corina. No tienes que llamarla ni preguntarle cómo está; ya lo sabes, la ves cada día.

 

Tomar un café con ella fuera del estudio no podrías, porque Corina no va a los tés de caridad ni a las comidas de antiguas alumnas de nada. Así que no tienes tiempo de saber cómo está tu mejor amiga.

 

Eso si, sabes que tiene una nueva adicción: Internet.

 

Lo que no sabes es que Corina no es adicta a Internet. Corina es adicta al sentimiento, a la charla, a poder decir lo que quiera y expresarse sin que nadie la llame rara, distinta, diferente.

 

Eso es lo que tú no sabes, Sol. Porque tu vida está medio llena y la mía casi vacía. Pero ahora tengo este nuevo juguete y hablo con gente que me gusta, gente que se parece a mí.

 

Hablo de teatro, libros, música, sentimientos, plantas, de cosas con las que contigo sería imposible hacerlo. Eres una analfabeta en cualquier tema que no sea la arquitectura, cómo poner una mesa o cómo vestirse para asistir al banquete anual del Arzobispado.

 

Y hasta en eso eres analfabeta, querida amiga, porque últimamente te vistes como una provinciana, que al fin y al cabo es lo que eres. Criticas las cosas de Amalia sólo porque no las entiendes.

 

A Pablo lo aguantas porque tiene el suficiente dinero y apellidos como para que te infunda respeto. Pero cuando crees que nadie te escucha dices que es maricón. Y no es verdad, eso te lo garantiza tu amiga del alma Corina:

 

Pablo no es maricón y, aunque así fuera, no sería un insulto, sino una manera de ser distinta, nada más. De Leonor no opinas porque le tienes miedo, pero te parece una amargada.

 

Mi hermano Julián es un imbécil con un acta de diputado por el que no sientes ningún afecto, pero le enganchas del brazo cada vez que lo ves y así sales en el periódico de vez en cuando, junto a ese lerdo que comparte mi sangre.

 

A mis cuñadas las consideras papanatas presuntuosas, pero compartes mesa y mantel con ellas a la primera oportunidad.

 

De mi madre no te atreves a decir nada porque la temes más que a una galerna. Respetas a mi padre, eso sí es cierto, a él lo respetas. Y yo, yo te doy pena.

 

Despierta, Sol: no soy adicta a nada.

 

Yo puedo pasar de Internet y de la gente, crecí en la soledad. Sólo es un juego, un medio de conocimiento que nunca entenderías.

 

Tú sí que no podrías pasar sin los tés, sin la ópera o el teatro, sin la foto con Julián y sin tus zapatos de golf; sin eso no vivirías ni una hora. Cuenta eso y a mí déjame con mis manías, que a nadie dañan. Las tuyas en cambio si lo hacen.

 

Sol del Valle se había puesto colorada; parecía que iba a estallar de un momento a otro. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, las mejilla encendidas y el cuello hinchado…”

 

 

(Susana Pérez-Alonso)

 
 
 
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"No te dejes contagiar, no des ninguna opinión como tuya antes de ver si se adecúa a ti, mejor opina tú mismo." :) - (Georg Christoph Lichtenberg)

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